miércoles, 23 de octubre de 2013

EL ACENTO DE TU PUBIS


De nuevo cruzas mi sueño
con tu cuerpo de humo y luz
como una nube que emana
del aliento detenido que nos une.
Caliente y fugaz,
humedecido
en la tensión de tu mirada.
Afuera llueve
sin respiro
y de nuevo voy hacia ti
tocándote con mi anhelo.
Como tormenta desnuda,
me envuelves.
Tus piernas son dos rayos,
entre nubes,
que descienden y me ciegan
para verte mejor:
envuelto en ti me vuelvo
tu nube dura.
Me hundo en tu pubis
como el aire que respiras:
voy siguiendo el ritmo de tu pecho.
Tu pubis es el acento
agudo y grave
en movimiento
sobre la palabra 
de dos sílabas
que juntos pronunciamos.
Tu pubis me da sed
y me da hambre
pero entero me devora.
Y ya no estás en mi sueño,
mi sueño está en ti.
Mi sueño es esa cosa persistente
que insiste en penetrar
tus secretos.
Se mete en tu olor,
en el recuerdo 
de cada movimiento.
Se mete en tu sombra.
Mi sueño respira
adentro,
muy adentro de ti.
Mi sueño es esta luz 
erizada en tu vientre.
Y la nube que te envuelve
muerde,
afuera suave
y adentro fuerte, 
la piel que 
afuera y adentro
iluminas.



*** Una versión video de este poema, leído por el autor, puede verse AQUÍ.


miércoles, 16 de octubre de 2013

EL CENTRO DE MI UNIVERSO EN LA BOCA




Una sospecha de penumbra basta
para entrar a un hospital.
Para salir, se necesita
un gran rayo de sol.

Y, con suerte, y algo más,
algunas veces,
las cosas se acomodan
aquí y allá, arriba, abajo,
en el cielo y en tu cuerpo.

Y entonces el sol es un botón,
que se abre en tu camisa,
la luna una sonrisa
en tu pecho.

Para el que
pueda o sepa
gozar ese acomodo,
salud es luz.

Dicen que el persa sediento,
el de los treinta pájaros viajeros
que eran uno
y era imagen del deseo,
le dijo alguna vez a su amada:

La cúpula del universo está en tu pecho,
y en la vasija cóncava donde bebo.
Y en la frescura y la dureza
de esta aceituna en el fondo
está el sabor de tus pezones
coronando el centro del universo
que, de pronto,
está en mi boca.















Una versión de este poema, leída por el autor, AQUÍ.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

LO VERDE DE LA JACARANDA




Entre la lluvia y el sol,
las hojas de la jacaranda
nos muestran
un decidido esplendor.

Se mueven como colas
de ave presumida,
se pavonean.
Hacen algarabía
de cien pies en el aire,
cuchicheo de luz.

Dialogan con el viento,
le dicen lo que sucede
cuando las flores moradas
ya se han caído;
cuando las semillas
anchas y planas
también volaron
y la rama nos muestra,
agitada, en cada hoja
venas diminutas.

Del árbol cuentan
el doble trazo de herida,
de cicatriz cosida a la vista 
del aire donde estuvo la flor.

Dialogan con el viento,
o se le escapan:
permanecen arropadas
por su tropel, su follaje,
por su intensa
y diminuta proliferación.

Sonríen de arriba abajo,
lo mismo a la sombra que a la luz.
Pero sus hojas son tan delgadas
y tan frágil su ejército de enveses
que en vez de simplemente iluminarlas,
pareciera que la sombra las borra
mientras las incendia el sol.

Ellas dialogan sin cesar
con el viento desinhibido
pero sólo en voz baja,
con su lento abanico,
el aire leve  pronuncia
el nombre de la jacaranda
cuando no está en flor.














jueves, 25 de julio de 2013

AMARSE ES ENTRAR LOS ESPEJOS



Entre tus manos
tu boca me convoca
entre tus piernas.

Entre tus piernas
tu boca me convoca
entre tus manos.

Entre tus labios
tus piernas me aprisionan
como manos.

Entre tus manos
Tus piernas me devoran
como labios.

Por los espejos
de tus bocas: arriba abajo
entré en tu laberinto,
ciego, perdido.

Tu boca roja
es faro en tu obscuridad,
luz posesiva.

Tu boca vertical,
obscuridad entre dos destellos,
abismo implacable.

Manos, labios, piernas, bocas,
eran lo mismo y un tanto más:
bocas, manos, piernas, labios,
piernas, bocas, manos, besos.

En ti y en mí 
todo al revés 
repetido.

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