viernes, 14 de febrero de 2014

BEBO EN TU BOCA




Bebo en tu boca
el instante,
la luz,
el viento.

Bebo en tu boca
tu mirada,
tus pasos,
tu canto.

Bebo en tu boca
el amanecer,
la flor que cae
y un llanto
lejano y lento,

Bebo
y no paro de beber
el hilo tan sutil
de vida en llamas
que de tu boca a la mía
salta uniendo en tu sabor,
en el sabor de tu deseo,
lo fugaz
a lo eterno.

Si es cierto
que el alma es aire
y que en la palabra espíritu
hay un soplo,
yo bebo,
muy poco a poco,
tu alma
en cada beso.

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lunes, 10 de febrero de 2014

PRESENCIA DESNUDA

Foto: Yamina Del Real y ella misma como fantasma alrededor de mí.

Yo no sé de qué están hechos los fantasmas.
Sólo me consta que tú me tocas
me habitas y me acompañas
con toda la belleza de tu cuerpo,
desnuda dentro de mí
y a mi lado,
casi invisible .

Siento tu piel estremecerse
cuando un ligero viento entra al cuarto
o leo un poema que me trastorna.
Hasta cuando busco en la biblioteca
las palabras que necesito con urgencia,
sólo yo sé que tus piernas me las deletrean,
y tus manos me dicen dónde.

Sé que tú ves más
y tocas y escuchas más allá
de lo que mi cuerpo alcanza
porque tu presencia
es más sutil y poderosa.
Esta hecha de deseo y entrega,
de soplo obstinado
y piel enamorada,
de luz que respira,
como los fantasmas.

Tu deseo me habita
y me acompaña,
me aconseja prisa o lentitud,
me da forma y ritmo
en los brazos,
en la boca,
en los ojos,
en todo lo que toco y pienso.

Tu deseo
se sienta sobre mi mesa
y al mismo tiempo mira
desde mis ojos cuando escribo.
Tu presencia enriquece mi mirada,
mis palabras, mis anhelos.

Y, si todo nos resulta favorable,
un día, un instante,
tu deseo se cruzará con el mío
en ese punto donde la luz
se cruza con la sombra
y se develan totalmente
los cuerpos desnudos
que se aman.

Y esa desnudez,
lo sabemos,
dice, canta, baila,
confirma
el acto de entregarse
plenamente
a la más grave
y festiva cercanía:
la de los cuerpos
desnudos e indisolubles
de las almas amigas y amantes:
la palpitación
extrema y sensual
de la intimidad

con los fantasmas.

Foto: Yamina Del Real y ella misma como fantasma alrededor de mí.

martes, 4 de febrero de 2014

LA LUNA LLENA
ILUMINA TUS SUEÑOS



Algunas noches,
de luna llena,
como ésta,
duermo contigo
y con tu sueño.

Dentro de ti
algo palpita.
Aflora en la plenitud
de tu descanso,
en tu abandono,
en tus párpados
infinitamente quietos.
En tu mano abierta
sin más,
hacia lo invisible.
En la sonrisa insinuada.
En el cuello que se eriza.

Tal vez la luna lee también
en tu cuerpo dormido
y pleno
esta felicidad tranquila,
este placer despierto dentro.
Y como yo,
te sostiene en su brazos
sin saber ya si es tu sueño 
o el mío
el que la luna ilumina.

Hay en tu rostro esa sonrisa
que sólo en esta luz
de luna llena
aparece
y en mi sueño
tú sueñas
que en mi manos
te sueño.
Y tu sonrisa es la mía.
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Entre los misterios que avivan el fuego de los enamorados está el de poder vivir las múltiples realidades que habitan el cuerpo de la persona amada. Algunas veces los amantes saben leer y sentir lo que sucede muy adentro del otro. Como sucede con los cuerpos deseantes, las fronteras de los sueños se rompen. Nos volvemos capaces de vivir, a flor de piel y debajo de ella, sueños ajenos que se van volviendo nuestros.
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Una versión de este poema leída por el autor en este video.

viernes, 31 de enero de 2014

UN BESO ILUMINADO




El círculo perfecto
del amor
es un ámbito,
un lugar inesperado
de geografía fugaz,
una aventura,
un incesante regreso.

Un beso iluminado
extiende suavemente
su calor
a todo el cuerpo.
La sangre ayuda
con su secreto ritmo acelerado.
Un beso fugaz,
en su lentitud ritmada
sabe volverse eterno.
Beso promesa
de otro beso
y otro más
que misteriosamente
es el primero.
Besos que cuando se van
regresan.
Despiertan en la piel
ecos profundos
de besos
que vendrán.
Me habita tu beso,
tu sed de mí,
tu mano posesiva,
tu cuerpo voraz,
tu grito,
tu sabor a mar
tu beso.
Al círculo perfecto
del amor
se entra sin duda
por tu boca.
Suena,
huele,
sabe
a ese beso.




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Una versión del poema, leído por el autor en video, 
se puede ver AQUÍ










martes, 21 de enero de 2014

LA INCREPADORA DE CHENGDÚ



Ella ata su voz
al capricho ascendente
del incienso.
Trepa sus palabras de humo
al caballo bronco de este olor.

Y no crepita una vara
sino un bosque
en la mano izquierda.
Con la otra hace cuentas,
pases, señas,  amenazas.

De pronto canta y baila
y grita al cielo.
Reclama, exige, niega
y vuelve a la plegaria.

¿Dónde hacía estos rituales
cuando estaban prohibidos
con pena de muerte?
Décadas de contacto secreto
con sus dioses. 
Pensarlo da escalofríos.

Su gesto me lleva sin más
a mirar al cielo
y murmurar los nombres
de los míos, lejos,
o ausentes.
A viajar en humo
y anudarme
ardiendo
en secreto,
lentamente,
en su incienso.


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Una versión de este poema puede leerse en este video que muestra luego unos minutos de la Gran Increpadora:  pique AQUÍ.
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Vuelvo a verla y me exaspera y me conmueve. Me habita. Me doy cuenta de que me recuerda a mi abuela materna, que algo tenía de bruja buena y de pronto le daba por ahuyentar fantasmas con una espada imaginaria bajando una escalera. El tema de la relación con lo invisible, que obsesiona a este blog y al ciclo de libros de Mogador, renace en esta mujer y su diálogo ritual con el más allá. Aquí es evidente e interesante para mí la relación entre el deseo intenso como escalera hacia lo que está más allá de nosotros.
      Invitado a China por el Festival literario de las librerías Bookworm, pude visitar, entre otros sitios apasionantes, este templo excepcionalmente preservado en una ciudad que fue muy bella, destruida en gran parte por el tsunami de concreto que urbaniza a toda China. Entre otras sorpresas, ésta: En el Templo Taoísta de las Dos Cabras Verdes, en la ciudad china de Chengdú, de pronto una mujer hizo ante nosotros un ritual inusitado y maravilloso. Más de media hora estuvo cantando y hablando bruscamente con sus dioses, reclamándoles cosas, festejándolos también. Ella era, esa tarde de febrero 2010, la Gran Increpadora de una nueva mitología post maoista. Ese día la filmé rudimentariamente  y escribí este poema.