martes, 27 de enero de 2015

SÁBANAS CIFRADAS



Incluso cuando despierto
y ya te has ido
las sábanas me dicen 
que estás cerca.
Me escribes en la noche,
sin saberlo,
una carta de amor
en los plieges y  requiebres
de la tela.
Son líneas sin ton ni son
de una canción abrupta.
Del corazón, contorsiones.
Diástole entre tus piernas.
De la mirada, espejismos.
Tu silueta floreciendo
en mi retina.
Del oído, ecos, vértigo,
estallido,
súbita orientación perdida.
Son y no son:
tu olor tenaz,
hablándome al oído,
tu mano abierta
mirándome asombrada,
tu voz que huele y duele
y sabe a mar
y me encandila.
Son las huellas digitales
de los sueños
que anoche
compartiste conmigo.

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Los amantes se dejan mensajes escondidos en todo lo que han compartido: las sábanas, el tiempo, el horizonte, el silencio, la respiración, el grito.
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Una versión de este poema, leído por el autor en este video








sábado, 18 de octubre de 2014

DESPIERTA UN RÍO


Algo fluido, 
como el tiempo,
nace entre mis brazos  
cuando tú abres los ojos.
Aparece,
como si de tu cuerpo 
brotara el mundo.
Y yo me dejo llevar 
por ese río recién nacido,
como algo que va tomando
la forma de un cuerpo 
entre tus brazos.
Caudal de alcoba, de besos, de arrebato.
Soy lo que inventa tu sonrisa 
despertando.

sábado, 11 de octubre de 2014

DOBLE AMANECER


Te digo, tengo sed.
Me dices,
mi pecho, ya,
quiere ser bebido.
Te digo
que mis labios
ahí se han perdido.
Me dices que ya encontraron
durezas
donde detener su desvarío.
Te digo que entre tus pechos
me convierto en río.
Me dices,
con un largo gemido,
que en tus mares
ya me has hundido.
Un solo instante
y amanezco dos veces:
en tu pecho
duplicas mi sed,
mi frío, mi calor,
mi perturbación,
mi alivio.
Y en mis labios no deja de temblar
eso tan tuyo que haces doblemente mío.
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Los amantes confunden soles y lunas, pasiones sedientas y manantiales de olvido. Pero tienen la certeza de que sus labios están hechos para ser bebidos, mordidos, admirados y poco a poco, cedidos.
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Una versión de este poema leída por el autor aquí.


miércoles, 24 de septiembre de 2014

CRECE EN MI MANO



Aunque estaba lejos,
casi del otro lado del mundo,
hoy al salir el sol
despertaste conmigo.
La caricia que te había hecho,
dormida,
siguió creciendo en mi mano
como un jardín que florece.
Era algo más suave y fluida
que un hormigueo,
como una memoria de agua.
Tu cabellera 
entre mis dedos
cantaba
como una fuente
                                       tu sonrisa.
Entre mis dedos, tu cabello
era flor, era viento,
era una corriente hacia tus sueños
                                       más secretos.
Yo, tan lejos. 
Mi mano, tan cerca,
te navegaba sin despertarte
y sonreías semidormida.
La memoria de las manos es tenaz.
va por su cuenta.
Enamorada es, además,
rebelde y atrevida.
Ya con el sol entero
sobre el horizonte,
creció en mi mano 
otra caricia:
más encrespada
                               pero más suave,
más breve
                               y más arremolinada.
Mi mano, poseída
por la memoria de tu pubis,
dibujaba un círculo
en la textura de tus vellos.
En las yemas,
hilos de fuego se encendían.
Esa caricia
se volvió torbellino
                                y ya no fue memoria
sino presencia.
Tu olor,
moviéndose
como serpiente de agua,
devorándome
con su andar de enredo,
creció
y se quedó en mis dedos
todo el día.
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Una versión de este poema, leída por el autor aquí 
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Los cuerpos de los amantes tienen algunas partes visibles, otras intensamente invisibles. 
Y, en los momentos más insospechados, todo crece fértil en la piel enamorada como un trópico incontenible.