miércoles, 27 de abril de 2011

EL OLOR DE UN SUEÑO

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ran serpientes 
y no palabras
las que salían de su boca.
Y algunas de esas víboras,
en la punta,
eran cabras,
eran iguanas,
salamandras,
sapos,
águilas sin alas,
peces sin río,
lenguas sin saliva.
Una larga lengua dividida en dos,
en tres, en diez,
en seis veces ciento once pesadillas.
Y el olor que de esas lenguas emanaba,
parecido al de un pescado podrido
de los que son manjar en Suecia
y anuncio de tragedia en Dinamarca,
era un olor tan denso
que se le miraba
y nos miraba:
era una nube con ojos,
con cuernos,
con mandíbulas,
barbas y orejas puntiagudas,
Parecía...
Satán a punto
de manifestar su furia
pero era tan sólo
el olor del aliento 
del sueño de don Marcelino
ese mediodía.
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Se había quedado dormido, con la boca muy abierta sobre sus papeles mientras escribía en contra de los hombres de su tierra que se habían apartado de las reglas elementales de la fe, de la ley, de la ortodoxia. Y había despertado con sabor a manzanas muy fermentado en la boca. 
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Fragmento del capítulo final de la versión más reciente de Los demonios de la lengua. Ilustraciones de Joel Rendón.

sábado, 2 de abril de 2011

CUANDO TE VEA ME VERÁS
Las frutas de Rosita Borrás

Chico Zapote, foto de Rosa Borrás

«Amar es una insólita lujuria
y una gula voraz, 
siempre desierta.»
Xavier Villaurrutia

No es tan sólo el parecido
lo que altera mis sentidos
sino la pasión cortante,
como un cuchillo tenaz
y penetrante,
que abrió en la fruta,
para mis ojos
sorprendidos,
esta vertical,
inquietante,
como animada boca
voraz. 


En su húmedo silencio,
a punto parece de pronunciar
un deseo, un nombre, tal vez,
que ojalá fuera el mío.
El hormigueo de mi sangre, 
con su paso endurecido,
obsesiona furibundo

labios, sexos, ideas.
Tres ráfagas 
de vientos golosos
que me ayudan 
a navegar sin cesar 
los apetitos,
detenidamente,
hacia tu dulce chico zapote
por el corazón 
engañoso de tu fresa 
y el fervor fermentado
de tus higos.
Y abajo, más abajo,
hasta tus mareas saladas
de palpitantes moluscos,
bien llamados 
en la lengua del amor
frutos de mar.

No es por majadería,
frutal Rosa Borrás,
que cuando te vea me verás
como a todos tus muchos fans
con la lengua muy de fuera
empalagada de más,
hablándote así,
al oído,
de las tantas mieles
que nos das.




Foto de Rosa Borrás

Foto de Rosa Borrás




Foto de Rosa Borrás











miércoles, 30 de marzo de 2011

NOTAS CAÍDAS
PARA UN POEMA URBANO
CON JACARANDAS

Foto de Jorge Vértiz.


Hoy las jacarandas me crecen y se me desgajan también por dentro.

Me invade la sensación, por ejemplo, de que por cada flor de jacaranda en el suelo alguien terminó de hacer el amor con una sonrisa. 


Por cada flor de jacaranda en la rama, una promesa, un deseo, un acto de amor a punto de cumplirse. Aunque sea en sueños.


En el instante que dura la caída de una flor de jacaranda alguien está haciendo el amor y siente que ese vuelo es eterno.


Hay que decirlo sin decirlo: de la rama de la Jacaranda al piso el vuelo de la flor es nuestro secreto. Eso que si lo dices, nadie fuera de nosotros lo entiende.


La flor de la Jacaranda crece en racimo como ilusión de besarte pero cae una por una, como tus besos.


La flor de la Jacaranda es una copa sonriente, algo torcida, como un beso que se vuelve mordida.



La flor de la Jacaranda es como una mano que hace magia girando. En su hechizo, al mirarla, nos alegra.

Cuando la jacaranda tiñe piso y cielo ella escribe en mi cuerpo dos palabras: plenitud fugitiva.


El barrendero me dice sonriente: son como pellizquitos que dejan a la calle amoratada. Y no presume de ser poeta.


La jacaranda fluye callada. Su esplendor dentro de nosotros no se detiene. Los autos rugientes bloquean la calle. Avanzan muy difícilmente. Así, en la misma  esquina conviven dos realidades lejanas.




Una vecina triste dice que la jacaranda ensucia su banqueta y su auto mientras otra sonríe con las manos llenas de flores moradas, caídas. Llena una canasta con ellas. Y dice:


Una calle sin jacarandas es como un enamorado sin besos.

Foto de @paseusted
La jacaranda nos hace levantar la vista y creer que, tal vez, la ciudad tiene más árboles que nunca.


La ciudad es hoy un bosque de ficus que corre entre vómitos de concreto. Las jacarandas nos recuerdan que donde sea puede florecer la poesía.


Esperada e intempestiva, la jacaranda sorprende, es como despertar juntos tantos años y siempre decirse, de pronto y por sorpresa, "buenos días".



Dicen que el florista y jardinero Sanshiro Matsumoto las trajo a México desde Brasil. Pero que su nombre es guaraní, y se pronuncia el Jacarandá. ¿Cómo y cuándo perdió el acento y se volvió femenina? 



Foto de Rosa Borrás

Una amiga escritora, Eugenia Noriega, que se aleja del país bailando nota que llegaron juntas las jacarandas y las lluvias de abril. Mientras se aleja cada vez más, casi sin voltear a verme, pienso que ella misma huele a flores y tierra mojada. Está, profundamente jacarandosa.  

Yo no escribo jacarandas, las cultivo. Y a veces las recojo del suelo y del cielo de la poesía.

Porque los poetas le han hecho tantos versos como flores ha tirado la jacaranda al viento.

Juan L. Ortíz se preguntaba de dónde le viene al cielo ese anhelo de morado cuando está a punto de florecer el jacarandá.


Darío le dice: "Erguido en la nostalgia te pintas de un azul blancuzco como el cielo y fino como un tul". 


Machado de Assis confiere a la Jacaranda arquitectura de oratorio y dice que de su madera se hacen bellos libreros.


Enriqueta Ochoa la llama "sueño lila que tira la llovizna de abril y arde sobre el rostro gris de la calle como tierna flama."


Sasha Sokol evoca y convoca el poder que tienen las jacarandas de ser alfombra y nube a la vez.

Foto de Rosa Borrás

Levemente, Mily Santos asegura que las jacarandas tienden una alfombra morada que aligera nuestros pasos.

Para Jorge F. Hernández la melancolía predomina cuando atestigua que "de lila las calles lloran".

Pero los pies teñidos de morado son una forma de plenitud amorosa que se presiente cuando llegan las jacarandas a la rama y al piso y Lylián de la Vega a alguien le dice: "Ya llegó la época en donde te quiero cerca. Llegó el tiempo de caminar descalzos y llenarnos las plantas de los pies de color lila." 

Orlando González Esteva dice que al pie del  jacarandá caen las balas y los pájaros.

Alberto Blanco las mira detrás del muro vecino y evoca batallas de su infancia entre flores caídas. 

Frank Lozano la vuelve flor antípoda del narciso: "Por más hermosas que son, las jacarandas no pierden el piso."

Severo Sarduy, comentando al primer Carlos Drummond de Andrade, sugiere que a la sombra morada del jacarandá es como mejor se escucha a los contadores populares de historias en las plazas públicas.

Aurelio Asiain nos lleva de la jácara a la jacaranda y así le pone música y parranda para decirnos que hay cosas muy distintas que son la misma: "¡Ah, quién la calle, si en la jácara anda y enamorada! Aquí en la calle, si en la jacaranda llena, morada..."

Y en la misma fiesta florida, cuando Aurelio me dice: "La jacaranda es morada y los ojos moradores, adoradores de mirada demorada." Le respondo al calce: La jacaranda sueña que mira cómo, desde el piso, alguien de morado, demorado, la admira.

Pero no es así todo el año. Pancho Hinojosa lo nota y dice de cierta persona que él conoce: "Era como las Jacarandas, cuando estaba en flor era jacaranda, cuando no, un simple árbol." 

Mirando mucho más arriba: "Las jacarandas en flor hacen por la ciudad lo que las estrellas por la inmensidad nocturna", testifica Adolfo White. Mientras Guadalupe Morfín las ve ya desplomadas como "Constelación de campanas caídas en la madrugada fría."

¿Habrá imaginado Matsumoto ver a su ciudad adoptiva teñida en pocos años así de jacarandas? Somos, en primavera, la huella florida de sus sueños.

Ojalá cultiváramos las jacarandas y aprendiéramos a venerarlas como los japoneses hacen con los cerezos. Seríamos ciudadanos diferentes. Mejores, tal vez, por un instante.
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Una versión posterior se encuentra en el libro 
Dicen las jacarandas, publicado por Ediciones ERA, en cuya página se puede comprar.





miércoles, 16 de febrero de 2011

LA VOZ DE LA AUSENCIA







Silencio en agua.

Cada silencio
en la noche
se multiplica.
Se vuelve voz
y canta y dice
lo que calla.

Tu ausencia
es una sombra
que crece en mí
como una tenaz
enredadera.

Como una noche
dentro de mi noche,
hojas muy obscuras
de muy negros enveces
me trepan
mientras
crecen
y se despliegan.

Cada silencio
estalla
cada noche
cansada
de sí misma
sin saber
de ti, 
sin saberlo
todo.

Cada silencio
encalla
sin decirlo
en esta
afilada orilla
y este arrecife
oculto, cruento,
bajo el agua
fresca, iluminada
de tu nueva
lejanía.

Ausencia,
grita
el lago
del espejo,
más breve
que mi sed
de ti.

Ausencia,
grita si le doy
la espalda,
-cree que así
me llamo.

Y grita,
cada silencio
a la deriva
hasta que
el silencio 
en silencio
se desvanece
bajo el agua
corriente
del día.

Y así te adoro,
lentamente,
en el silencio
de tu cuerpo
invocado,
haciéndote el amor
con las manos
extendidas, 
vacías,
hasta que amanece.

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Leído por el autor en un video hecho por él, aquí: 
La voz de la ausencia.


martes, 8 de febrero de 2011

CARTOGRAFÍA FUGAZ




Este es el mapa de tu espalda.
Estos los nombres de tu geografía.
Estas las cosas que suceden al pasar.
Señalo con un dedo inquieto
cada lugar que reconozco,
nombrado o por nombrar.

Allá está el Valle de los besos duros.
Aquí la Meseta de la luz.
Abajo el Mar de la sombra leve.
al borde del Bosque de soplidos.
Por el Camino A mi locura
visito tu Lunar a la deriva.
Más allá de tu Estrecho de la dulce intranquilidad
está el Horizonte de mis sueños.
Dicen que navegando tu Mar de la sombra profunda
se llega a ese lugar que llaman La otra orilla del universo.
Mientras tanto, aquí, 
donde acaba El valle de los besos blandos 
comienza el Camino hacia tu "dedem burda"
-nombre tan extraño para un órgano sexual-,
que nos hace pasar por las otras Cavidades misteriosas.
Finalmente, aquí el Reino de la Pasión 
estableció su comarca, 
trazó sus límites, fundó una capital
con calles curvas y secretas 
como caligrafía arabesca
y dejó cientos de lugares por nombrar.
¿Qué sucedió o sucede en ellos 
que merezca ser recordado 
en su futuro nombre? 
A cada quien de juzgar.
Mi testimonio es éste:

Aquí la locura condujo hacia tus pies, con hambre.
Aquí una gota de semen quería convertirse en tu piel.
Aquí mi mano se enamora.
Aquí mis labios se hunden en tus pliegues.
Aquí unos vellitos me trastornan 
y los soplo suavemente, enloquecido.
Aquí tu sonrisa ayurvédica me llama en sueños
          y me despierta dentro de ti y me vuelve a despertar.
Aquí pierdo la conciencia.
Aquí se despeinan mis certezas.
Aquí extravié un beso.
Aquí huele divino.
Aquí tu "dedem burda" hierve de sudor alegre 
y sus lentas secreciones de volcán incierto 
mojan mi mano y mi boca.
Aquí mis besos son insuficientes.
Aquí mi mano cree que te sostiene.
Aquí se desbocan mis ganas de besarte.
Aquí mi lengua habla sola 
y escucha lo que dice tu oído.
Aquí toco y sé que allá tu pezón se eriza
                 y más alla se apaga una estrella.
Aquí perdí el alma como preludio de perder la razón.
Aquí el mundo se acaba y comienza.

viernes, 29 de octubre de 2010

LA PASIÓN: FÓSIL MUTANTE

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Soy las palabras,
las no dichas.
Las de sangre
en celo:
las de celos
que palpitan
en el silencio
de la noche.
Huella fósil
de una pasión,
un bicho.
Soy primitivo,
enamorado,
imaginario,
solar,
testigo,
irónico.
Soy mutante,
soy lo que miras,
y soy cada axolotl
en tu pecera
y fuera.
Amada
de agua
fugaz.
Mi estrella
huidiza.

Fósil de una especie de  axolotl.














Leo este poema, AQUÍ.