miércoles, 16 de octubre de 2013

EL CENTRO DE MI UNIVERSO EN LA BOCA




Una sospecha de penumbra basta
para entrar a un hospital.
Para salir, se necesita
un gran rayo de sol.

Y, con suerte, y algo más,
algunas veces,
las cosas se acomodan
aquí y allá, arriba, abajo,
en el cielo y en tu cuerpo.

Y entonces el sol es un botón,
que se abre en tu camisa,
la luna una sonrisa
en tu pecho.

Para el que
pueda o sepa
gozar ese acomodo,
salud es luz.

Dicen que el persa sediento,
el de los treinta pájaros viajeros
que eran uno
y era imagen del deseo,
le dijo alguna vez a su amada:

La cúpula del universo está en tu pecho,
y en la vasija cóncava donde bebo.
Y en la frescura y la dureza
de esta aceituna en el fondo
está el sabor de tus pezones
coronando el centro del universo
que, de pronto,
está en mi boca.















Una versión de este poema, leída por el autor, AQUÍ.