jueves, 25 de julio de 2013

SIETE ESPEJOS



Entre tus manos
tu boca me convoca
entre tus piernas.

Entre tus piernas
tu boca me convoca
entre tus manos.

Entre tus labios
tus piernas me aprisionan
como tus manos.

Entre tus manos
Tus piernas me devoran
como tus labios.

Por los espejos
entré en tu laberinto,
ciego perdido.

Tu boca roja
es faro en tu obscuridad,
luz posesiva.


Manos, labios, piernas, bocas,
eran lo mismo y un tanto más:
bocas, manos, piernas, labios,
piernas, bocas, manos, besos.

En ti y en mí todo al revés repetido.

________________________________________________

** Una versión anterior de este poema, leída  por el autor, en un video, AQUÍ.

miércoles, 24 de julio de 2013

LA SED DE TU LUZ




Tu pierna apunta al cielo claro,
al sol que danza detenido.

En cuanto quedas desnuda
te estiras hacia él
como rindiéndole un tributo antiguo,
propiciando tal vez la sonrisa
de algún dios astral del amor.

Tu pierna apunta al cielo
y por ella se derrama la luz.

Te va cubriendo lenta,
cálida, escurridiza.
Te dibuja
y en mis ojos la lengua advierte
tu sal iluminada
la sed de recorrerte
tras el sol.
Así también mi lengua te dibuja
y en la saliva pausada
se multiplican
la luz sobre tu piel
y mi sed.

Entonces,
como un oleaje que crece
de pronto enloquecido
mezclando nubes y espuma
sin medida ni concierto
se desencadena
desde lo más hondo
de tus pliegues clarocuros
tu olor a mar elevándose
decidido,
impregnando mi cara,
mis ojos, mi lengua.
Esa ola imprevisible
de tu cuerpo,
caricia nebulosa
y abrazo tenue,
me conoce, me reconoce
y me conduce
al fondo de tu cuerpo,
al fondo de los fondos
donde todo
en ti y en mí
se vuelve
vaivén
duro y suave
simultáneamente.
Donde el tiempo
es infinito
y la luz humeda
no cesa.

Desde entonces,
donde sea,
como sea
si miro al sol
siempre veo
la gracia de
tu pierna iluminada
señalando y recibiendo
lentamente
hasta la espalda
dos veces
esa cascada
de agua y fuego.



















Y en video, una versión en la voz del autor, picando AQUÍ.

miércoles, 17 de julio de 2013

EL CALLEJÓN AZUL



Detrás del velo blanco y naranja,
casi transparente,
de esa mujer que cruza la calle,
en el viento pausado que lo infla,
me llegan los olores del mercado
de telas y  de especias. 
En las calles más estrechas
del viejo Delhi,
donde cada cabeza carga mercancías
para cien cabezas
y las mujeres veladas
conversan a gritos
o con los ojos.
 Donde los bellos templos olvidados,
umbrales de sueños rotos,
y sus leones de piedra
que parecen añorar el pan duro
tirado en la calle,
conviven con templos 
de antiguas flores frescas
recien repintadas
y los niños cuentan una, dos, tres, diez veces
los cinco centavos
para comprar un caramelo.
 Donde un hombre se lava los dientes
con el agua del arroyo callejero
mientras los perros a su lado
toman el sol sobre las banquetas
y sueñan algo amenazante
que los hace rugir dormidos
y finalmente los despierta.
 Donde el vendedor de limones, menta,
chiles y gengibre
se quita los zapatos
para leer las noticias del día
mientras una cabra suelta
lo mira con hambre evidente.

Ahí, en esas calles
de comercio y rito,
de sueños y realidades abruptas,
detrás de telas que cuelgan
como nubes coloridas,
como telones naturales del asombro,
sonríe sin sonreír 
la novia que compra su ajuar
seducida por vendedores tenaces.

Entre esa sonrisa
y los pájaros de piedra
que comen bellísimas flores
y trinan sus silencios centenarios
surge de pronto
un tramo de paz
que invita a detenerse
porque sí, por nada.
Un breve callejón rudimentario,
azul como un estrecho trozo de cielo,
donde reposan
las bicicletas y la luz.
Y, más lentamente,
también mi mirada.
El callejón azul
del viejo Delhi
es como un templo sin templo
ni dioses,
un mandala sin intención
ni centro,
uno de esos accidentes
que regresan en sueños.
Sus puertas laterales
me conducen cada noche
y cada insomnio
a un sueño despierto diferente.
No sé muy bien por qué
pero el callejón azul,
ya siempre,
viaja conmigo.



martes, 9 de julio de 2013

TU MÁS ÍNTIMO INSOMNIO



¿Cómo decir
lo que parece imposible?
Mirar dentro de ti
con el tacto exaltado
de mis dedos.
¿Cómo explicar que,
más sensible aún,
mi sexo mira ahí
con la claridad de un ave
desde arriba?
Con la inocencia del ciego
intervenido,
que al retirar la venda
ve por primera vez.

Abrir los ojos,
despertar dentro de ti
en otro mundo.

¿Cómo es posible aún
que sin esa luz del día,
abandonada en ritmo
deseante,
en la evidente obscuridad
de entraña
que anhela,
algo muy hondo
se ilumine así
y esté  yo en ti
como quien mira al sol
sin fin,
sin tiempo?

Me abandono
a ese calor,
a esa canción ritual,
a su intensidad de trance,
a su fuerza de atracción,
a tu luz indescifrable
dentro.

Contemplo
con mi sangre
la estampida amenazante
de la tuya.

No caben ahí más palabras
ni yo en mi asombro:
dentro de mí
la luz dentro de ti
crece,
expansiva,
total,
sonriente.

Yo la vi,
y bajo mis párpados
la miro aún
con todos esos ojos
imposibles.
Me tocas con tu luz
cuando me acuerdo.
Tu más intimo insomnio
me encandila.