lunes, 26 de octubre de 2015

TU ABANICO


Pekín tiene en la luz
un río de asombros amarillos.
Y tú, desnuda, multiplicas la luz.

El sol dora los muros
y da vida a todo lo que vuela:
la garza escapó del abanico
cuando lo abriste
y se fue corriendo hacia la sombra.
Brincaba entre islas de luz
huyendo de tu mirada.
La garza aceleraba el paso:
su huella, su meneo,
su lance huidizo.
Su cuello dibujaba y borraba
al ritmo de sus pasos
una S en el aire.

Por el hueco que dejó en el abanico
el sol acariciaba tus pezones.
Y ellos, como la garza,
decididos,
parecían querer volar.

Tu abanico aletea.
La garza agita el aire.
Y tú, vuelas lentamente
a hundir tu pecho en mí.

Las mañanas de Pekín
llenas de ti
son como un sueño
de garzas.
Y como la garza lo sabe,

al despertar escapa.


2 comentarios:

Fabiola Cervantes Conde dijo...

Me asombra no encontrar ningún comentario!. Nadie lee!!!!. No sé de poesía y me gustó. Saludos sr. Ruy S.

José González Gálvez dijo...

Un abanico abierto que danza en la inmensidad de un cuerpo luminoso, mientras una garza abanica con sus alas el sueño del amor.