sábado, 22 de mayo de 2010

ARDEN LAS PALABRAS DE LOS AMANTES

Llegó ese momento en que los amantes 
tienen ya los labios adoloridos 
de comerse uno al otro.
     Y hasta el viento que los toca 
enciende de nuevo sus sensaciones.
     A esa hora más que a ninguna,
las palabras pueden ser bravos detonantes 
y, en apariencia desde la nada: 
desde el aire que cabe en sus vocales,
pueden avivar una y otra vez
el fuego de la sangre.
     Porque los amantes son frágiles 
como papel 
ante el roce ardiente de ciertas palabras.
     Los amantes se miran con los dedos 
pero se dibujan y se tocan con la boca.
     Los amantes se escuchan 
incluso a través de sus silencios.
     Los amantes se describen, 
se reinventan, acuñan términos
que en sus labios lucen nuevos.
     La palabra de un amante es una cosa, 
un objeto de aire 
que de pronto se aviva 
y late a la temperatura 
y al ritmo del cuerpo.

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Primera página de Nueve veces el asombro (ed. Alfaguara).

4 comentarios:

Sofia Chiquetts dijo...

Sigues haciéndome flotar con tus palabras, llenando de dardos mi existencia, Gracias inmensas

JOSÉ ENRIQUE dijo...

Hermoso

Reflexiones de un cronopio dijo...

Hace tiempo que no me sentía tanto un poema.
Gracias

Belisa dijo...

Me voy a tomar el atrevimiento (y ruego no se lo tome a mal) de regalarme a mí misma este hermoso poema, ya que coinciden con mi cumpleaños su publicación aquí y mi descubrimiento de él.

Una que es atrevida, y amante.

Gracias.