martes, 20 de abril de 2010

ELOGIO PAUSADO DEL REMO Y EL INSTANTE



Si lo piensas, verás:
el lago que navegas,
donde tu sombra flota
mientras tu barca avanza,
lenta, muy lentamente,
es una montaña invertida.
Tocamos sólo su base,
la huella amplia y movediza,
de agua y luz que se evapora.
Superficiales, la llamamos lago,
pero es una montaña honda.
Se siente abajo, se adivina.

Y la otra,
la que parece que aparece
sin que la pienses:
tan alta como el cielo,
tan ancha como el aire,
es más bien reflejo fiel y fugaz del lago
sobre una nube densa que pasa.
Es fantasma y sombra erguida
de la montaña líquida y profunda.

Se levanta sonámbula
con cabeza trunca de volcán dormido.
Cabeza que en mis sueños se estira
como queriendo salir
del caparazón de una tortuga.
¿O es el cuello sin cabeza
de un gigante de tierra y humo
que lleva en el pecho
-en vez de corazón y latidos-
una barca diminuta
luchando rítmicamente
contra su leve deriva,
contra su destino?

Un hombre rema,
espera, vuelve a remar
sin saber a dónde va,
de dónde viene, quién lo piensa,
quién lo empuja, quién lo mira.

Si vivir es navegar lo incierto,
y remar a contra bruma
entre dos montañas,
casi invisibles, casi en fuga,
yo miro mi sombra hundirse
y elogio al remo y al instante.
Uno abre en el lago obscuro del tiempo
una rendija, el otro la hace breve
pero profunda.

Y por ella miro
de pronto, a veces,
mucho más de lo que veo.



*Poema escrito sobre la fabulosa fotografía de Pedro Tzontemoc al inicio de esta entrada. Parte de su proyecto. "Cincuenta miradas sobre un instante." La foto es portada también de su libro de fotografía EL ser y la nada, con texto de David Huerta, publicado por Artes de México en su colección Luz Portátil.